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La ebanistería en el cantón de San Carlos comenzó dándose de forma autodidacta, se escuchaba que alguien trabajaba con maderas y se les llevaba algún mueble para repararlo, ahí comenzó el interés que generó varios talleres, aunque de forma rústica, usando herramientas básicas como: serrucho, martillo, escuadra, cinta métrica, clavos, entre otros.
Muchas de las personas que se dedican a este oficio pasaron por los aserraderos de la zona, de ahí aprendieron el uso de herramientas industriales, como: caladoras, lijadoras, sierras, etc. Con el aprendizaje de estas herramientas industriales, lograron diversificar los productos creados, pasando a muebles de mayor tamaño como alacenas, camas, juegos de sala y comedor, etc.
En su gran mayoría la ebanistería se ha transmitido de maestro a aprendiz, de manera informal. Lo anterior, con un conocimiento básico, que les permito, tiempo después, a los aprendices abrir sus propios talleres.
Para crear los muebles se comienza por hacer una cotización del tamaño y tipo o estilo de mueble que se desea hacer, luego se compran los materiales, como: maderas, lijas, tornillos o clavos, pegamento, entre otros, seguidamente comienza el proceso de tomar medidas y cortar la madera, lijarlas, pegar las partes necesarias y sellarla. Dependiendo del tipo de mueble se pueden usar herramientas básicas como: serruchos, martillos, lijas de madera, etc. O herramientas más industriales como: caladoras, lijadoras, sierras eléctricas, tornos, compresores, etc, así como pintura o barniz para los acabados.
La elaboración de los productos se realiza de manera colectiva, principalmente, porque muchos de estos son de gran tamaño, como: las camas o los muebles de sala y muebles de comedor. Cabe destacar que este oficio conserva, aún con el pasar del tiempo, la función utilitaria de los objetos.
Entre las personas portadoras de esta tradición hay una preocupación constante por la pérdida del oficio, en razón a la importación de muebles de bajo costo y a la escasez de ciertas maderas finas, lo que incide en la competencia en el mercado. Aunado a lo anterior, las nuevas generaciones no presentan interés para la continuidad del oficio y quienes inician el proceso de aprendizaje, abandonan antes de concluir, por considerarlo poco atractivo.
Foto con fines ilustrativos
- Alajuela
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